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| THOREAU, LA VIDA SUBLIME, A. Dan - Le Roi Ed. Impedimenta. |
El último libro de Pablo D'Ors, BIOGRAFÍA DEL SILENCIO (Siruela 2012), ha sido tal éxito editorial que ha gozado de una edición especial para estas navidades, y su contenido ensayístico vendría a combatir los afanes de esta sociedad a través de la técnica y la práctica de la meditación.
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| Mejor que esto debería haber una silla para las "sentadas" |
Silencio y quietud ("sentadas") serían las claves de esta biografía de la meditación profunda que se presenta como una suerte de "guía" (al final hay tal ayuda numerada para la lectura, con títulos que nos servirán de referencia) o panacea de descubrimiento o salvación interiores.
Es maravilloso constatar
cómo
conseguimos grandes cambios
en la quietud más absoluta.
Porque no es solo
que el silencio
sea curativo, también lo es la quietud.
Ante todo hay que decir
que el silencio
en quietud es muy diferente
al silencio en movimiento.
Está
demostrado científicamente
que los ojos que no se mueven
propician en el sujeto
una concentración
mayor que si se tienen en movimiento.
Al moverse es muy
fácil, casi inevitable,
estar fuera de nosotros.
La quietud, por contrapartida,
invita a la interiorización.
Es necesario pasar por la quietud
para adiestrarse
en el dominio de sí,
sin el que no puede hablarse de verdadera libertad.
(3. Las olas de las distracciones)
No dejan de ser polémicas esta principal y otras colaterales ideas de este libro, que se lee cómo bajo un hechizo, pero cuando uno levanta la vista hacia el pensar natural, se descubre un forzamiento que quizá despeje o ayude en determinados momentos, pero parece negarse a ver otras realidades de la naturaleza humana que no tienen porqué ser ningún engaño vital, sino todo lo contrario.
Por ejemplo, parece situarse en otro mundo el tachar como "sueño a matar" (13) nada menos que lo siguiente:
El amor auténtico
tiene
poco que ver con el enamoramiento,
que hoy es el sueño por excelencia,
el único
mito que resta en Occidente...
La exaltación del amor romántico
en nuestra sociedad ha causado
y sigue causando insondables
pozos de desdicha. La actual
mitificación de la pareja
es una perniciosa estupidez.
Por supuesto que creo en la posibilidad
del amor de pareja,
pero estoy convencido de que requiere
de un extraordinaria e infrecuente madurez.
A mi juicio cuando se abusa de adjetivar como "auténtico" o "verdadero" determinados fenómenos emocionales (amor o libertad, p.ej.) han de surgir las alarmas indiciarias de lo que puede ser una propensión al dogmatismo limitador de lo real.
Estoy de acuerdo en la mitificación y en la madurez exigible, pero ello no tampoco nos puede llevar a calificarlo ni del "último mito de Occidente" (como si no quedaran otros muchos y este más bien sería el deslindable con la novela rosa), ni de rechazar el enamoramiento por "romántico" (convendría leer otras novelas), como si no lo quisiéramos por el dolor del rechazo.
Otro tanto sucede con un cierto desdén hacia el "pensar" que se manifiesta en argumentarios como el siguiente:
Es mucho más saludable
pensar menos
y fiarse más de la intuición,
del primer impulso
(el punto 18 de la guía
se titula PENSAR MENOS)
Vamos a conceder que ello se propugne en el contexto del desarrollo de tal técnica de meditación, pero dicho así, en genérico, es cómo tender a anular el pensamiento en un época que tanta falta hace contrarrestar el descerebramiento de los impulsivos mensajes de las redes sociales.
El "primer impulso" no puede ser alabado por mor de la espontáneidad, cuando lo más frecuente es que sea producto de los peores móviles inmediatos. Hay que mirar con mayor perspectiva.
Esto es, resulta necesario un detenimiento en el pensar antes que dejarse arrastrar por el primer impulso, aunque desde luego los impulsos puedan ser un viento necesario e inevitable que mueva la vela del barco vital, pero sin perjuicio de que la reflexión pueda ejercerse también en el movimiento y hay quien lo prefiere a la quietud del estancamiento.
En su conocido opúsculo CAMINAR (WALKING), nacido como conferencia y luego publicado póstumamente, el libertario HENRY DAVID THOREAU (1817-1862), cantó con eternidad al "arte de caminar", al don de "andar a pie" y "deambular (sauntering)", a partir de este original propósito:
Quiero decir unas palabras
en favor de la Naturaleza,
de la libertad total y el estado salvaje,
en contraposición a una libertad
y una cultura simplemente civiles;
considerar al hombre como habitante
o parte constitutiva de la Naturaleza,
más que como miembro de la sociedad.
(pág. 7, Adora Exprés, reedición 2014)
La célebre cabaña en el bosque de THOREAU ilustra esa búsqueda del movimiento renovador y de una inspiración interior que se resume en palabras como las siguientes:
Mi deseo de conocimiento
es intermitente,
pero el de bañar mi mente
en atmósferas ignoradas por mis pies
es perenne y constante.
Lo más alto a lo que podemos
aspirar no es a la sabiduría,
sino a la Simpatía con la inteligencia.
No tengo constancia de que
esta sabiduría más elevada
alcance algo más definitivo
que una nueva y enorme sorpresa
ante la súbita revelación
de la insuficiencia de cuanto
hemos llamado hasta el momento
Sabiduría: el descubrimiento de que
hay más cosas en los cielos
y en la tierra de las que sueña
nuestra filosofía.
(ob cit. pág. 51)
Aunque habitualmente se le representa como solitario explorador, en su libro defiende también el diálogo en movimiento y ello le permite sentirse en un nuevo estado:
Para ceñirme a mi propia experiencia,
mi compañero y yo
-porque a veces llevo un compañero-,
disfrutamos imaginándonos miembros
de una orden nuevo, o mejor,
antigua: no somos Caballeros,
ni jinetes de cualquier tipo,
sino Caminantes, una categoría,
espero, más antigua y honorable.
...
Un a modo de cuarto estado,
independiente de la Iglesia,
la Nobleza y el Pueblo.
(Ob. cit. pág. 9)
Así se diferencia de otros ilustres defensores del caminar y escritores decimonónicos (Willian Hazlitt y Robert Luis Stevenson) que propugnaron el hacer a solas el paseo, como recoge el pequeño ensayo EL ARTE DE CAMINAR publicado por la Universidad Autónoma de México (2004).
Caminamos principalmente
para sentirnos libres de todos
los impedimentos y de todos los
inconvenientes; para dejarnos atrás
a nosotros mismos, mucho más
que para librarnos de otros. (pág. 16)

A propósito de este ensayo (DAR UN PASEO de HAZLITT), Stevenson se entusiasmó tanto que compuso su EXCURSIONES A PIE, como elogio y comentario al mismo y llegando a destacar:
Es tan bueno que debiera
fijarse un impuesto a todos
los que no lo han leído:
"Dadme un claro cielo azul
sobre la cabeza y el prado verde
bajo los pies, un camino sinuoso
y una larga caminata de tres horas
antes de cenar... ¡y luego pensar!"
(Ob. cit. pág. 42)
Como señala el comentarista de ambos ensayos, la euforia y revelación del caminar tiene su complemento en el estado reflexivo:
De "ese silencio no alterado
del corazón", que es lo que
permitirá "desenredar a cada paso
(el) misterior de nuestro ser"
(Ob. cit. pág. 10)
El reposo también incluiría para Stevenson la lectura ulterior de un buen libro, como una suerte de precipitado del movimiento renovador previo.
Me inclino más por esta elevación del espíritu que se encuentra en el caminar, ya sea en soledad o compañía más que a través de sentadas como las que propone D'Ors.
El encuentro con toda casa interior resulta más bien de combinar la experiencia del paseante con el detenimiento del pensamiento y la ensoñación, sin caer en los excesos místicos que con acierto advertía Santayana:
El ideal del misticismo es exactamente
contrario al de la razón; en lugar
de perfeccionar la naturaleza humana,
busca abolirla...
un misticismo parcial sirve a menudo
para resaltar con maravillosa
intensidad aquellos estratos
en los que la experiencia
no ha sido aún descompuestas...
El arte del misticismo consiste en ser
místico a retazos y apuntar las armas
pesadas de la filosofía trascendental
contra aquellas realidades o ideas
que resultan especialmente mortificantes.
(INTERPRETACIONES DE POESÍA
Y RELIGION ,
KRK ediciones, 2008.
Las inspiradas viñetas del comic que nos han servido de mirada alternativa casi lo dicen todo.
























