Aforismos del duelo eterno con el otro
(Con ocasión de la lectura
entrecruzada
de "La gravedad y la
gracia" de S. Weil,
"El eterno marido"
de F. Dostoievski
y "El duelo" de J.
Conrad)
Mas busca en tu espejo al otro,
al otro que va contigo
(A. Machado)
Siempre hay un duelo abierto con la vida y
especialmente con el otro que te encuentras.
El otro es tu contradicción.
Lee la vida del otro lado.
"La lectura -con la
excepción de una atención de cierta calidad- obedece a la gravedad" (Weil,
168).

El encuentro es la lectura del otro. ¿O lo
será de ti mismo?
El rostro del otro nos retrata. Siempre es así. Siempre hay ese contraste, esa revelación.
Con cualquiera nos sucede,
pero particularmente ello se intensifica con tu contrario.
El otro siempre es el
infinitamente aparte, separado.
Pero el contrario es algo más,
es un espejo de nuestras deformidades y virtudes.
Un debate de atracción y
contradicción fatales enfrenta los destinos de uno y su contrario: el duelo.
Marido y amante pueden
representar tales contrarios, o serlo, como Dostoievski los encarna en
Trusotsky y Veltchaninov.

Ambos descomponen sus
respectivas posiciones en pos de su anulación o su regeneración.
Las tragedias derivadas del
encuentro con su contrario regeneran a Veltchaninov (gracia).
Lo descubierto (la hija que
fallece), la violencia producida moral (en sociedad) o física (a punto de
morir, o de perder una mano), ... junto con las demás deformidades del espejo
cambian la personalidad.
El contrario, su espejo, no
cejará en su caricatura hipócrita, sin dejar de creerse sus propias mentiras.
No parece que pueda desligarse de su carácter de espejo (gravedad).
André Gide opinó de este libro
que puede representar el combate entre lo auténtico sentido y el
convencionalismo representado por el eterno marido.

Son duelistas, como los de
Conrad, pero en el campo del honor militar, a partir de cualquier motivo en el
origen de la afrenta y por más absurdo que parezca, el acento se pone en el
rango: encono de nivel creciente.

La fatalidad incesante revelará
a cada sujeto su destino. En el climax de la fatalidad, el más auténtico y
cabal (D`Hubert) llegará a madurar en su afectividad hasta "trastocar sus
valores" para hacer surgir el descubrimiento del amor en su prometida
(gracia).
"El amor es la más grande
distancia que hay que franquear" (Weil 129).
El otro se perderá en la
inexistencia de tener dispuesto un suicidio incapaz de realizar a pesar de su
anulación moral y social (gravedad).
¿Chocando nos perderemos o
alguno se encontrará más sentidamente?
¿Hay que cruzar espadas
sufriendo?
En la herida encontramos el alma, dijo el poeta (Hierro, Alegría).
Tu carácter es tu destino,
decían los griegos.
Tu contrario permite definirte, parafraseando a Ciorán.
"Somos
contradicción... todos nuestros sentimientos se hallan mezclados con sus
contrarios" (Weil, 133).
Uno no se conoce a sí mismo (si es que conocerse es posible, o más bien un ideal fatal que nos persigue desde el frontispicio del Templo de Apolo de Delfos) si no es en contraste con el otro, con los otros.
“A veces adivinaba… eran manchas cósmicas que sustituían al entender” (Lispector, Aprendizaje)

Más bien experimentar el contacto con el sufrimiento del otro, que exige conocimiento y proximidad para poder hacerse con empatía.
A veces el más cercano es el
más otro, el más separado, porque con más facetas de su rostro y su carácter
nos enfrentamos, a cada instante de nuestra cotidianeidad.
¿O no es más bien una constante excepcionalidad que disfrazamos de costumbre: una segunda naturaleza sin nombre?
Naturaleza sin nombre, cual Dios.
"Dios es el otro", dijo Levinas. Y me parece un dicho más revolucionario que el "Dios
ha muerto" de Nietzsche.

Si nos paramos a sentir al
otro ¿no es un infinito?, como lo es uno mismo en su ignorancia y a pesar de
su imaginación.
Hay un duelo eterno en cada instante del encuentro personal.
El duelo es un dolor, una herida constante.
Duelo eterno a vida o muerte.
Con el dolor, la muerte o la vida del otro: tu alma.
(Con ocasión de la participación en el
Club de Lectura "El saber no ocupa lugar" dirigido
Club de Lectura "El saber no ocupa lugar" dirigido
por Pablo Nacach en
La Casa del Lector)