domingo, 16 de febrero de 2014

AFORISMOS PARA TRES LIBROS CON DUELO

Aforismos del duelo eterno con el otro

(Con ocasión de la lectura entrecruzada
de "La gravedad y la gracia" de S. Weil,
"El eterno marido" de F. Dostoievski
y "El duelo" de J. Conrad) 

Mas busca en tu espejo al otro,
al otro que va contigo
(A. Machado)

 Siempre hay un duelo abierto con la vida y especialmente con el otro que te encuentras.

El otro es tu contradicción. Lee la vida del otro lado.

"La lectura -con la excepción de una atención de cierta calidad- obedece a la gravedad" (Weil, 168).



El encuentro es la lectura del otro. ¿O lo será de ti mismo?

El rostro del otro nos retrata. Siempre es así. Siempre hay ese contraste, esa revelación.

Con cualquiera nos sucede, pero particularmente ello se intensifica con tu contrario.

El otro siempre es el infinitamente aparte, separado.

Pero el contrario es algo más, es un espejo de nuestras deformidades y virtudes.

Un debate de atracción y contradicción fatales enfrenta los destinos de uno y su contrario: el duelo.

Marido y amante pueden representar tales contrarios, o serlo, como Dostoievski los encarna en Trusotsky y Veltchaninov.


Ambos descomponen sus respectivas posiciones en pos de su anulación o su regeneración.

Las tragedias derivadas del encuentro con su contrario regeneran a Veltchaninov (gracia).

Lo descubierto (la hija que fallece), la violencia producida moral (en sociedad) o física (a punto de morir, o de perder una mano), ... junto con las demás deformidades del espejo cambian la personalidad.

El contrario, su espejo, no cejará en su caricatura hipócrita, sin dejar de creerse sus propias mentiras. No parece que pueda desligarse de su carácter de espejo (gravedad).
André Gide opinó de este libro que puede representar el combate entre lo auténtico sentido y el convencionalismo representado por el eterno marido.



Son duelistas, como los de Conrad, pero en el campo del honor militar, a partir de cualquier motivo en el origen de la afrenta y por más absurdo que parezca, el acento se pone en el rango: encono de nivel creciente.



La fatalidad incesante revelará a cada sujeto su destino. En el climax de la fatalidad, el más auténtico y cabal (D`Hubert) llegará a madurar en su afectividad hasta "trastocar sus valores" para hacer surgir el descubrimiento del amor en su prometida (gracia).

"El amor es la más grande distancia que hay que franquear" (Weil 129).

El otro se perderá en la inexistencia de tener dispuesto un suicidio incapaz de realizar a pesar de su anulación moral y social (gravedad).

¿Chocando nos perderemos o alguno se encontrará más sentidamente?

¿Hay que cruzar espadas sufriendo?

En la herida encontramos el alma, dijo el poeta (Hierro, Alegría).

Tu carácter es tu destino, decían los griegos.

Tu contrario permite definirte, parafraseando a Ciorán.

"Somos contradicción... todos nuestros sentimientos se hallan mezclados con sus contrarios" (Weil, 133).

Uno no se conoce a sí mismo (si es que conocerse es posible, o más bien un ideal fatal que nos persigue desde el frontispicio del Templo de Apolo de Delfos) si no es en contraste con el otro, con los otros.

“A veces adivinaba… eran manchas cósmicas que sustituían al entender” (Lispector, Aprendizaje)



Más bien experimentar el contacto con el sufrimiento del otro, que exige conocimiento y proximidad para poder hacerse con empatía.

A veces el más cercano es el más otro, el más separado, porque con más facetas de su rostro y su carácter nos enfrentamos, a cada instante de nuestra cotidianeidad.

¿O no es más bien una constante excepcionalidad que disfrazamos de costumbre: una segunda naturaleza sin nombre?

Naturaleza sin nombre, cual Dios.
"Dios es el otro", dijo Levinas. Y me parece un dicho más revolucionario que el "Dios ha muerto" de Nietzsche.



Si nos paramos a sentir al otro ¿no es un infinito?, como lo es uno mismo en su ignorancia y a pesar de su imaginación.

Hay un duelo eterno en cada instante del encuentro personal.

El duelo es un dolor, una herida constante.

Duelo eterno a vida o muerte.

Con el dolor, la muerte o la vida del otro: tu alma.

(Con ocasión de la participación en el
Club de Lectura "El saber no ocupa lugar" dirigido
 por Pablo Nacach en La Casa del Lector)