domingo, 5 de abril de 2015

JUAN RAMÓN JIMÉNEZ en PIEDRA Y CIELO bosque ALCORNOQUES del ACEBRON en DOÑANA

Revisitar paisajes y encontrar piedras preciosas entre caminos boscosos -que son tan únicos como el bosque de alcornoques del centro de interpretación del Parque Nacional de Doñana en los alrededores del Palacio del Acebrón- o luminosos como la Casa Museo de Zenobia-Juan Ramón Jiménez en Moguer (Huelva).


En este despacho escribía Juan Ramón guardando sus "meditaciones" en cuartillas que archivaba en esas cajas del armario, para revisarlas tantas veces como se pule una piedra preciosa y así formar sus poemas bajo la final disposición de "MPS": meditaciones para siempre.

Los recuerdos son como dunas
que lleva el viento:
no tienen lugar fijo,
están en todos.



Adquirí allí PIEDRA Y CIELO, libro del poeta compuesto entre 1917 y 1918, encontrando ahí esas piedras pulidas que se fueron filtrando entre los paseos en la playa y los senderos del parque: dunas, vegetación singular y muchas aves incluidas.

¡Qué goce, corazón, este quitarte,
día tras día, tu corteza,
este encontrar tu verdadera forma,
tierna, desnuda, palpitante,
con ese encanto hondo, imán eterno,
de las cosas matrices!


Corteza de corcho es lo que quitaban hasta hace unos decenios a estos alcornoques y se sigue notando cómo los troncos se diferencias en textura de las ramas más abruptas y menos descortezadas.


¡Ignota mina de los sueños
-sólo un aroma vago un
color desvanecido,
un acento sin nombre-,
a cuyo oro nunca llegan
los pozos de la aurora!

¡Sueños de otro hemisferio 
de lo infinito!

EL NUEVO DÍA se titula este poema del libro y reconduce a unos sueños que bien podrían esconderse en esas grietas de los misteriosos alcornoques.

XXXVIII 
DESPERTAR
¡Quisiera siempre ser para ti, vida,
como la flor, que tras la noche
del atesorador sueño infinito
de sus hojas cerradas,
da, en un punto, al abrirse el día,
toda la esencia de su sueño!


Nada mejor para esta "evocación de ese doble ser (árbol-yo)" que dice el comentarista (Miguel Casado) del poemario estaría en la raíz del mismo, que este entrelazamiento con este bosque tan ensoñador, que te atrapa en sus formas como queriendo el abrazo feroz de la intimidad.

¡Ventura; qué árbol invisible e infinito
da tu fruto, que el alma
a veces coje, pleno?

¿Cuáles de estas ideas son tus ramas,
de estos sentimientos son tus flores,
de estas canciones son tus pájaros,
de estas sonrisas tus aromas?

¿Qué te alimenta tus raíces?
¿Cómo, por donde, igual
que este limón por mi ventana, entras
en nuestra cámara más honda
y rozas allí, dulce, el corazón?




Eternidad, belleza
sola, ¡si yo pudiese,
en tu corazón único, cantarte,
igual que tú me cantas en el mío,
las tardes claras de alegría en paz!

¡Si en tus éstasis últimos,
tú me sintieras dentro,
embriagándote toda,
como me embriagas todo tú!

¡Si yo fuese -inefable-,
olor, frescura, música, revuelo
en la infinita primavera pura
de tu interior totalidad sin fin!



La tierra lleva por la tierra;
más tú, mar,
llevas por el cielo.

¡Con qué seguridad de luz de plata y oro,
nos marcan las estrellas
la ruta! -Se diría
que es la tierra el camino
del cuerpo,
que el mar es el camino
del alma-.