sábado, 31 de mayo de 2014

Lawrence Han Pasternak mujeres enamoradas agonía Eros días únicos


Cuando en el Holland Park de Londres se me ocurrió leer Mujeres Enamoradas conversando con mi pareja en la sugestiva terraza de un café arbolado, al lado de un animado grupo de mujeres tocadas con sombreros singulares (de algún club femenino), bajo un ambiente de calma intelectualizada y recordando vagamente una poderosa Glenda Jackson en la oscarizada película (Ken Russel, 1969) que versionaba aquella novela, ya sentía el poderoso influjo de su erotismo sensualizado y la magia de lo que podía ser uno de esos puntos de inflexión que son los "días únicos".

 

Empecé leyéndolo en una antigua edición de biblioteca pública y luego me resultó de buen augurio encontrar un pack de bolsillo que compartía éxito con otra famosa novela clásica inglesa, con la doble presentación de la imagen.

Ahí va una descripción de la mujer protagonista: "Gerald observó atentamente a Gudrun mientras esta reprendía a Hermione. Advirtió que en Gudrun se daba un temple frío y poderoso. Gerald la veía con penetración reveladora. Advirtió que había en ella un espíritu peligroso y hostil, invencible, indomable. Un espíritu soberano y, además, dotado de gesto perfecto."




Y esta es la primera perspectiva que nuestra protagonista experimenta sobre él: "Gudrun se sintió inmediatamente atraída por él. Advertía en aquel hombre cierto aire nórdico que la hipnotizaba cristalizado. Y tenía un aspecto nuevo, sin explotar, puro como el de un ser ártico. Parecía contar unos treinta años, quizá más. Su esplendente belleza, su virilidad, cual la de un lobo joven y alegre, sonriente, no impidieron que Gudrun advirtiera también la siniestra y reveladora calma…"



Artista de vocación y profesión, Gudrun, tiene en su hermana Úrsula -profesora - una confidente con la que se aleja del empobrecido y embrutecedor ambiente rural, experimentando ambas su respectivo acercamiento a dos hombres singulares en su debate por las diferentes realidades que sobre el amor enfrentan los diferentes sexos.




Ya hemos vislumbrado el poder de Gudrun y no es menor la fuerza de carácter de Úrsula, como lo caracteriza este pensamiento suyo: "Se dijo a sí misma, y dirigiéndose silenciosamente a su antagonista: “No es verdad. Y tú eres quien necesita a un hombre fuerte y brutal, no yo. Tú eres quien necesita al hombre sin sensibilidad, no yo. No sabes nada de Rupert, en el fondo, a pesar de los años que has pasado con él. No le diste amor de mujer. Le diste un amor de ideas, y ésa es la razón de que huyera de tu lado. No sabes nada. Sólo conoces las cosas que están muertas. Cualquier criada hubiera llegado a saber algo de Rupert, pero tú no sabes nada. ¿Qué imaginas que es tu saber sino muerta comprensión que no significa nada? ¿De qué sirve que hables de amor cuando no eres más que un falso espectro de mujer? ¿Cómo puedes llegar a conocer algo si no crees en nada? No crees en ti misma, no crees en tu feminidad, y por eso tu superficial y pedante sabiduría no sirve de nada”.




La lucidez de ambas mujeres contrastará con la limitada visión acrítica de los hombres, a los que sorprenderán y seducirán por su valentía, trocando su unilateralidad en alteridad perturbadora, arrabetada para uno y desorientadora para el otro.

Serán muy diferentes los derroteros de ambas hermanas, siempre dentro de su autodeterminación y en la conquista de autenticidades de relación erótica y amorosa que no siempre serán posibles.

                    

Precisamente es la "alteridad" lo que reivindica Biung-Chul Han, el filósofo alemán, de origen coreano, autor de La agonía del Eros (Herder, 2014) frente al un narcisismo preponderante, donde:


"El otro, despojado de su alteridad,
queda degradado a la condición de espejo del uno,
al que confirma en su ego. 
Esta lógica del reconocimiento atrapa en su ego,
aún más profundamente, al sujeto narcisista del rendimiento. Con ello se desarrolla un depresión del éxito."

Brillante reflexión sobre la sociedad actual, no hace sino requerir que los sujetos aprecien cómo el erotismo se degrada en la corta distancia de la exposición más grosera (porno) y también en la larga del ensimismamiento narcisista, donde se pierde contacto con el otro.



Es necesaria la distancia separadora de los sujetos para apreciar su diferencia, su otredad, y ser capaz de ver en ésta el significado propio del erotismo recíproco.

No hubo conexión de los anteriores libros en su entrelazada lectura, pero el tiempo los llevó a confluir para hacer de las intensas relaciones de contraste en Lawrence un magnífico ejemplo de cómo en tal contexto lucen esplendentes la sensualidad y el Eros.

También fue casual que llegara a entrelazarse con los anteriores la lectura de un poema (el que da título a la Antología que luego vi publica en Visor), cuya luminosidad incluye estrofas como las siguientes:


Como si fuese un sueño, los amantes
corren más rápido el uno al otro
y, de tanto calor, arriba en los árboles
transpiran los nidos de los pájaros.

Y las canciones se aquietan, cansadas,
se adormilan sobre el disco.
Y el día dura tanto como un siglo
y no se termina el abrazo.


Fue la entrada de inutilesmisterios.blogspot.com.es la que me descubrió este poema y luego el poemario, aunque ahí se tomaba de una edición antigua con título de un relato autobiográfico de Pasternak: "Salvoconducto", del que existe una magnífica edición en Círculo de Lectores/Galaxia Gutenberg.

                  

El autor de "El doctor Zhivago" hace lírico lo inalcanzable, inspirando la conexión poética que nos hace otros.


Paisajes, siempre, del que se dice el parque más romántico de Londres. Evocador de amor y erotismo únicos.

No hay comentarios:

Publicar un comentario